La renuncia es uno de los entrenamientos primarios dentro del budismo y tiene que ver con la determinacion o el deseo de eliminar nuestros apegos.
Cuando digo
que es un entrenamiento primario hago referencia a que sin la renuncia no
podemos liberarnos del sufrimiento.
Al
principio cuando yo escuché sobre la renuncia, me provocó un cierto dejo de duda porque a primera vista pareciera que la renuncia lleva consigo la necesidad de
despojarse de objetos o personas que queremos o a los que estamos muy apegados
en síntesis, pensé que significaba despegarse o dejar de lado lo mundano.
Luego de
escuchar en reiteradas ocasiones ésta enseñanza dada por varios maestros
kadampas, ya sea en el centro que frecuento en Montréal o en las demás
ocasiones de festivales y retiros, pude ir asimilando y dándome cuenta de su
verdadero sentido. El sentido que Buda quiso transmitir con esta enseñanza es
profundo y debemos dedicar tiempo para contemplar y meditar sobre su verdadero
significado. Es lo que se llama “realizar” la renuncia, u obtener una
experiencia íntima de su significado.
Si
prestamos atención al funcionamiento de nuestra mente, veremos que desde que
nos levantamos en la mañana hasta que nos dormimos en la noche, vamos de un
objeto de apego a otro, en una dinámica que yo diría es automática. Siempre
estamos tomando decisiones, y desde las más simples a las más complejas esas
decisiones parecieran seguir un objetivo: el de obtener la máxima satisfacción
posible, no? Buscamos experimentar el mayor placer posible.
Por ejemplo,
cuando nos preparamos el desayuno y dudamos entre ponerle manteca o mermelada a
nuestra tostada, o si tenemos dos tipos de mermelada, ¿cuál de las dos voy a
escoger?
Pero esa búsqueda
del placer en el samsara en realidad parte de un estado de ignorancia, el
estado de ignorancia en el que nos encontramos todos los seres del samsara, que
es el de creer que podemos obtener la felicidad basándonos en la obtención de
cosas o experimentando situaciones.
El samsara,
es un término que el budismo utiliza para referirse a nuestra situación actual
y más específicamente significa ciclo de renacimientos contaminados. Renacemos
una y otra vez en este mundo (o dimensión de los sentidos) debido a nuestra
ignorancia de aferramiento propio que cree que los objetos y las personas
tienen existencia intrínseca.
Nos
relacionamos con los objetos y las personas de una manera distorsionada.
La
renuncia, que puede entonces aparecer como algo negativo o difícil de lograr,
no es otra cosa que una mente que ha tomado conciencia que debe abandonar el
modo de considerar a los objetos y las personas.
Normalmente
cuando sentimos un alto aprecio por alguien tendemos a desear estar todo el
tiempo con esa persona y pensamos que esa persona puede hacernos felices todo
el tiempo.
Pero por
experiencia propia sabemos que las personas no pueden hacernos felices todo el
tiempo y que además las personas no permanecen en un mismo estado, sino que
cambian porque el mundo es cambiante.
O pensamos
que una casa puede hacernos felices, pero la experiencia nos ha demostrado que, pasado un
tiempo esa casa que tanto deseábamos ya no nos satisface y programamos mudarnos
a otra.
Entonces, la mente de apego, es una mente que nos produce mucho sufrimiento, porque siempre
estamos en un ciclo de insatisfacción.
Cuando
decimos que renunciamos, en realidad renunciamos a esa mente de sufrimiento, y
el resultado es la liberación.
Esta práctica
implica que diariamente debemos entrenarnos a la renuncia, y en el día a día se
presentan miles de oportunidades para practicarla. Y durante esa práctica, si
es que decides comprometerte con ella, verás que habrá ciertas renuncias que te
parecerán más fáciles de realizar y otras más difíciles.
Pero eso no
importa, se empieza con lo pequeño y luego se avanza hacia aquello que
constituye para nosotros un desafío mayor.
Renunciar a
aquello que tal vez te encante pero que sabes que no es bueno para ti, aunque
te sea difícil, traerá al final grandes resultados, porque te darás cuenta que
has roto con un patrón, y eso te llenará de motivación para continuar por el
gran camino hacia la liberación.
Gueshé
Kelsang en uno o varios de sus libros, realiza una comparación para referirse a
la situación en la que nos encontramos los seres del samsara. La describe como el
estar saboreando la miel que cubre una lámina de afeitar. ¿Te imaginas estar
con tu lengua tomando la miel desde una lámina de afeitar? Placentero y
doloroso a la vez.
Si con
honestidad verificamos nuestras experiencias veremos que esa es la realidad,
nuestra realidad, y seguimos creyendo que aún así vamos a encontrar felicidad.
Además,
creer que nuestros deseos se van a hacer realidad porque sí, si lo analizamos bien,
veremos que ese tipo de pensamiento carece de lógica. Porque si funcionara así todo el mundo ya estaría
plenamente feliz, porque si funcionara para mi también debería funcionar para
los demás y todo el mundo ya estaría requete feliz. Pero vemos que eso no es así.
La práctica
de la renuncia te aporta un estado de bienestar y felicidad, porque ya no estás
atado a expectativas, ni al miedo ni a la esperanza, al miedo de que tus deseos
no se realicen ni a la esperanza de que se cumplan. Porque ambas cosas están
basadas en una creencia de cómo funciona el mundo que es errónea.
Me encanta aplicar la renuncia en mi día a día y más que nada en mis vacaciones porque ya sabes las múltiples sorpresas que te pueden estar esperando. Dentro de lo posible trato de evitar que esa fea energia que proviene de la frustración se apodere de mí y prefiero estar abierta a que los eventos se produzcan como se tengan que producir. Las personas a veces van a reaccionar de manera desagradable pero ello no implica que tu vayas a frustrarte y sentirte que eres digno de otro tipo de reacción. Lo importante es no tener expectativas, además a veces ese karma le pertenece al otro no a ti. A ti solamente te salpico porque estabas al lado 😁
Espero que
estas reflexiones te hayan gustado y dime si tu también aplicas la renuncia a
tu vida.