Ya había visitado Cuba, pero nunca lo había hecho de la misma manera.
Esta vez la salsa se incrustaría como un granito de felicidad en el terreno fértil de mi alma.
Pienso que para amar la salsa o los ritmos latinos ya debe haber algo en ti, una predisposición o un estar dispuesto a reconocer una alegría ya existente en tu corazón.
La chispa
interna en nosotros es la condición necesaria para que el fuego salsero se
encienda, nazca y se expanda con toda su pasión.
Hay un tiempo para todo y 2022 marcó para mi el comienzo de una aventura, el de la danza y de la reconexión conmigo, no ya como ser humano sino conmigo como mujer. La salsa y en general los ritmos latinos permiten que expresemos nuestra sensualidad y si eres mujer toda esa femineidad contenida en ti.
Para aprender a bailar como se debe, con las técnicas y los tiempos necesarios, deberás dejar tu ego de lado y también necesitarás esforzarte en muchos sentidos. Primero porque solamente tomar clases no es suficiente, sino que debes practicar, comenzar de cero y darte cuenta de que te equivocas mucho. Cuando comienzas a ir a las noches de práctica, muchos bailarines (la mayoría) se mostrarán muy compasivos, pero tienes que saber que habrá aquellos que no tendrán ni una pizca de paciencia y consideración hacia ti que eres debutante (hasta te lo harán sentir de una manera desconsiderada).
Ah pero yo nunca olvido una cara así que, si hoy en día y porque he adquirido un poco de experiencia, se te ocurre invitarme a bailar ya conoces la salida 😆
Por otro lado, la danza es un bello instrumento para construir una autoestima muy sana basada en tu autoconocimiento como bailarín/bailarina, porque en nuestra individualidad vamos dándonos cuenta de nuestras fortalezas y nuestros defectos, lo que podemos modificar y lo que no, y en esa búsqueda vas creando tu propio estilo, tu forma de bailar, tu sello personal. Es una conexión muy íntima contigo misma.
He dejado de ver a muchos de mis compañeros y compañeras de danza que se iniciaron al mismo tiempo conmigo. Te podría decir incluso que al 90 % de esa gente no la he vuelto a ver en los sociales. Y creo que comprendo por qué: no es fácil llegar a un lugar que no te es familiar, sin conocer a nadie y donde ves bailarines haciendo piruetas que tu imaginas no podrás reproducir jamás.
Los sociales los llamamos así porque es donde al principio vamos a practicar nuestra danza.
Más adelante los sociales se convierten en el lugar donde ansías volver una y otra vez porque es allí donde, como por arte de magia, ocurre un diálogo sin palabras, el diálogo que, a través del movimiento, la coordinación y la música es creado entre dos bailarines.
La salsa no se acaba en la pista de baile. Sigue contigo como un deseo latente de querer recrear esos momentos donde vives intensamente el momento presente, tu mental se esfuma y entran en juego otras variantes como tu creatividad y espontaneidad, esos vientos de energia en ti que solo la música es capaz de liberar. Cada danza es un momento único e irrepetible, que como dice la canción de Bad Bunny, de antemano sabemos terminará, como la vida misma.
