Creo que las fiestas de Navidad y año nuevo constituyen el termómetro perfecto para saber a qué nivel nos encontramos (emocional y espiritualmente). También nos brindan buenos indicios para saber si hemos avanzado como seres humanos o si somos los mismos de años anteriores.
A veces
tengo la impresión de que la llegada de las fiestas navideñas activa en nosotros
sentimientos que han sido programados desde muy temprana edad, en el seno de
nuestra familia o a nivel de la comunidad.
Recuerdo
que cuando era niña mi papá decía: "llegan las fiestas y parece que se termina
el mundo".
Porque se
respiraba en el ambiente esa mezcla de agitación, ansiedades, expectativas, incertidumbre,
como una gran bola de emociones colectivas que terminaba adueñándose también de
ti.
Sin
entender demasiado terminábamos en medio de esos supermercados abarrotados de gente, sintiendo que debíamos conseguir todo lo
necesario para la cena navideña como condición sine quoi non de una Navidad
exitosa : sándwiches, lechoncito de navidad, la sidra, el pan dulce, clericó y otros
múltiples platos que nuestras madres preparaban, sin nombrar los regalos. No digo que eso esté mal, me refiero al estado de nuestras mentes en medio de todo ese bullicio.
Seguimos
creyendo que las fiestas serán la solución a todo, que ellas traen consigo algo
mágico, que marcan un antes y un después, desde afuera?
Llega el momento de la reunión familiar y nos damos cuenta de que las cosas no suceden como lo habíamos pensado o imaginado. ¿Cual es nuestra reacción? ¿Como se comporta nuestra mente en esos momentos? ¿Seguimos respondiendo internamente de la misma manera que el año anterior? Adoptamos una mente critica frente al comportamiento de los demás como lo hemos venido haciendo año tras año o esta vez hemos decidido responder de un modo más beneficioso para nosotros y los demás?
Cuando
hablo de responder no hablo de palabras (siempre estamos pensando: “oh! debí responder tal cosa” como para mostrar que
soy super inteligente) No me refiero a eso, me refiero a una respuesta interna,
a un sentimiento de dejar ir, de no aferrarse a modelos mentales, de desarrollar
estados virtuosos como la paciencia que reemplacen lo viejo. Tenemos una
familiaridad muy grande con esos modelos mentales viejos, a veces nos vemos
arrastrados por ellos, y sin darnos cuenta reaccionamos siempre de la misma
manera, y luego nos lamentamos.
Entonces
creo que, si este año hemos podido responder diferentemente, con una mente que
no juzga, no evalúa, sino que simplemente acepta las cosas tal y como son, hemos ganado algo muy hermoso. Si nos sentimos satisfechos sin
importar las condiciones en las que nos encontremos (solos o en familia)
entonces podemos felicitarnos y darnos cuenta de que las posibilidades de
cambio existen, no ya desde afuera sino desde dentro y que no es algo irrelevante
porque aparentemente nadie lo note, porque créeme que tu actitud, aunque
silenciosa si tiene un impacto no solo sobre ti sino sobre tu entorno, y así es
como se generan los cambios y se mejoran las relaciones.
A veces ni siquiera sabemos por qué celebramos Navidad, es verdad que ultimamente es mas que nada sinonimo de tiempo en familia. No perdamos este precioso tiempo y utilicémoslo para medir la temperatura de nuestras perturbaciones mentales, sobretodo del apego y al aferramiento propio.
Te deseo mucha felicidad durante este périodo y que sea el inicio de algo maravilloso para ti.
Un abrazo caluroso, y gracias por leerme.